Club de lectura "Rojo y Negro"

Próximo Club: Viernes 14 de diciembre a las 19:00h
Libro: Almas muertas, de Nikolái Gógol

En esta novela impregnada del mismo espíritu satírico que años después sería también seña de identidad de 'El maestro y Margarita', de Bulgákov, su protagonista, Chíchikov, pergeña el plan de comprar almas muertas -esto es, la propiedad de siervos fallecidos- para así poder pedir un crédito al Estado, con esta propiedad como aval, antes del siguiente censo y labrar su fortuna. 
En el relato de sus andanzas por la Rusia rural, repleto de episodios y encuentros a menudo chocantes o grotescos, Gógol dibuja un retrato descarnado y regocijante de la personalidad y los resortes de conducta de funcionarios, terratenientes y demás miembros de la sociedad zarista.


Próximo Club: Viernes 28 de septiembre a las 19:00h
Libro: La Piedra Lunar, de Wilkie Collins

El día de su 19º cumpleaños, Rachel Verinder recibe de su difunto tío, el coronel Herncastle, un dudoso héroe de las campañas militares del imperio Británico en la India, un esplendoroso legado: un diamante enorme, cuyo brillo crece o mengua en consonancia con las fases lunares, y valorado en 30.000 libras. Lo que no sabe Rachel es que esta valiosa joya es producto de un robo sacrílego y que acarrea una maldición. La misma noche en que la recibe tiene ocasión de comprobar que se trata en realidad de un regalo envenenado: el diamante desaparece y siembra la confusión, la desconfianza, la codicia y la muerte en una familia hasta entonces bien avenida.

Admirada por T. S. Eliot, Borges o P. D. James, entre tantos otros, La Piedra Lunar (1868) no sólo goza de un lugar de honor en la tradición de la novela detectivesca, sino que es una fantasía más bien cáustica sobre los hechos y consecuencias del colonialismo. En ella tanto el «botín de guerra» como el opio tienen un papel decisivo en el desarrollo de su enrevesada –si bien implacable– trama. Wilkie Collins escribió un clásico donde la pasión de la experiencia y el desafío a lo creíble se oponen a los estragos de la mentalidad utilitaria. Ésta no es una novela para personas que tienen «la misma imaginación que una vaca».


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Estamos muy contentos de poder comunicaros el nacimiento de un nuevo Club, el llamado  "Rojo y Negro", un club dedicado a la lectura de los clásicos de la literatura universal.
"Rojo y Negro" nace de la idea de dos amigos de la librería, Maria Rosa Llópez y Domingo Martínez, a quienes muchos de vosotros ya conocéis, apasionados de las letras y activistas del libro. Como ellos dicen, "disfrutamos leyendo clásicos y nos encantaría compartir las reflexiones que los mismos nos despiertan".
Tendrá una frecuencia trimestral, siempre los viernes, comenzando el 15 de junio de 2018, y el libro seleccionado para la ocasión será, como no podía ser de otra manera, "Rojo y negro" de Stendhal.
Será a las 19 h. en la librería y estará coordinado por Maria Rosa y Domingo.
El único requisito para poder asistir a estas tertulias es el amor por los libros y la literatura.
Esperamos que esta iniciativa os resulte tan interesante como a nosotros.

Julien Sorel, con dieciocho años, hijo de un carpintero que lo odia porque es un vago y lee libros, es contratado por el señor de Rênal como preceptor de sus hijos, «un gasto necesario para mantener nuestro rango». Julien, muy guapo, muy pálido y muy esbelto, no tarda en ser la envidia de todos los burgueses y pequeños nobles de Verrières, una ciudad de provincias donde reinan la moderación, la sensatez, el amor al dinero y «el más fastidioso de los despotismos». El joven, convencido de que ha nacido para grandes cosas y «con un alma hecha para amar lo hermoso», desprecia ese ambiente, pero ama a la señora de Rênal. Sus amores secretos lo llevarán al seminario y luego a París, donde entrará a servir como secretario en el palacete del marqués de La Mole, centro de la elegancia y la conspiración.

El héroe de Rojo y negro (1830), romántico y antirromántico a la vez, es con razón uno de los más famosos y fascinantes de la historia de la novela: un joven en principio determinado por el cálculo, pero que en realidad no calcula nada, y que, deseoso de ser dueño de su destino, casi siempre es una pieza en el juego de los demás. Esta gran novela de Stendhal, en nueva traducción de María Teresa Gallego Urrutia, se adelantó, como dijo André Gide, a su tiempo: a Balzac le encantó, pero Victor Hugo dijo que su autor no duraría. En todo caso, desde que Zola proclamó a Stendhal «el padre de todos nosotros», es apreciada como la obra maestra que es. El siglo XXI aún está en deuda con ella.

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